Mostrando entradas con la etiqueta Ocultismo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Ocultismo. Mostrar todas las entradas

viernes, 26 de septiembre de 2014

ANIMISMO - PATRICK HARPUR


Todas las sociedades tradicionales reconocen el Anima Mundi. Puede que no tengan un concepto para ello (el mana que menciona Jung es la excepción más que la regla), pero lo conocen directamente a través de cada gran sueño, encuentro daimónico y epifanía. Este sentido de anima en la naturaleza, vibrante de vida, se denomina peyorativamente “animismo” en la cultura occidental, que desde hace mucho tiempo ha vaciado a la naturaleza de alma y la ha reducido a una materia muerta que obedece leyes mecánicas. La palabra “animismo”, en efecto, desacredita lo que pretende describir. Pero, para las culturas que describimos como animistas, no existe tal cosa como el animismo; solo existe una naturaleza que se presenta en toda su inmediatez preñada de dáimones. Hay genios de bosque y de montaña, númenes de árboles y arroyos, demonios en cuevas y espíritus junto al mar. Todos estos pobladores de lo salvaje cuentan con sus homólogos dentro de los límites de lo habitado, desde los ancestros a los más íntimos dioses domésticos. Ningún aspecto de la vida cotidiana carece de su daimon soberano, al que hay que considerar su parte y ración si se quieren evitar los problemas. “Todas las cosas”, como señalaba Proclo, “están llenas de dioses.”

Fuera del recinto sagrado –el temenos- del pueblo, los lugares sagrados albergaban a dáimones que, como es natural, prefieren unos sitios a otros, un cierto árbol por aquí o una roca por allá. Dentro, santuarios realizados por el hombre –hogares, tumbas, templos…- hospedaban a dioses domésticos y espíritus ancestrales. Y es que los dáimones necesitan atenciones. Las luces suspendidas sobre los túmulos o círculos de piedra, las que se elevan de las tumbas sagradas o los pozos santos, son señales de lugares daimónicos. Los ovnis levitan sobre bases militares, centrales eléctricas y embalses porque éstos son los santuarios de nuestra moderna cultura secular, cuyas inquietudes tecnológicas quedan reflejadas en la misteriosa exhibición de una “nave espacial” alienígena de alta tecnología. 

Los lugares donde se registra una alta incidencia de ovnis se llaman “ventanas”. No es un mal nombre para un lugar sagrado, pues sugiere una mayor transparencia entre la realidad daimónica y la ordinaria. Los dáimones prefieren especialmente los límites, o lo que el antropólogo Victor Turner llamaba “zonas liminales” (“umbrales”). Éstas pueden estar dentro de nosotros (entre la vigilia y el sueño o la conciencia y la inconsciencia) o fuera (cruces de caminos, puentes y orillas). O pueden referirse a momentos determinados, entre el día y la noche, a medianoche, en el cambio de año… Campings de caravanas o aparcamientos de camiones a menudo son especialmente frecuentados por ovnis o por criaturas extrañas, tal vez porque están liminalmente situados entre el campo y la ciudad, entre lo habitado y lo salvaje. En cualquier caso, todo el mundo conoce algún lugar hechizado, ya sea designado públicamente o solo en privado. En ellos, las leyes del tiempo y espacio, de materia y causalidad, parecen atenuadas; y por un instante alcanzamos a vislumbrar un orden de cosas oculto.

Tomado de "Realidad Daimónica - Patrick Harpur"

jueves, 25 de septiembre de 2014

EL ALMA DEL MUNDO - PATRICK HARPUR


Los neoplatónicos describían el mundo intermedio de dios y dáimones como Anima Mundi, el Alma del Mundo. Lo infirieron de Platón, que imaginó un alma del mundo infundida por el Demiurgo (su dios-creador) a lo largo del cuerpo del mundo, convirtiéndolo en una criatura viviente. Así pervive este modelo mítico o metáfora raíz detrás de las modernas inquietudes ecológicas, que dibujan el mundo como un organismo o lo personifican como una diosa semejante a Gaia. 

También es directamente análoga al inconsciente colectivo de Jung, y parte él mismo de la tradición filosófica que pretende explicar. Jung visitó el Alma del Mundo con un nuevo atuendo, más científico. Puesto que ni el Alma del Mundo ni el inconsciente colectivo pueden ser conocidos en sí mismos, tal vez sería mejor decir que son metáforas el uno del otro. Son como un espejo, vacío en sí pero que lo refleja todo. Son como vastos almacenes de imágenes que no existen al margen de las imágenes que contienen. 

De hecho, las imágenes no están en ellos, sino que son ellos. “La imagen es la psique” dijo Jung; y por eso no podemos decir qué es el alma, sino solo cómo es, pues entre sus imágenes hay imágenes de sí misma, que incluyen conceptos como los de Anima Mundi e inconsciente colectivo. En muchos aspectos, estos conceptos abstractos hacen menos justicia a la realidad que imágenes concretas como la de un espejo o la de un almacén. W. B Yeats pensaba en el Anima Mundi “como un gran estanque o jardín donde agita el don de sus brotes como una gran planta acuática o con frecuencia echa ramas en el aire”. Pero ésta es tal vez una imagen demasiado dócil para el Anima Mundi. Jung la solía comparar con el mar, una imagen que aparece por igual en sueños individuales y mitos primitivos, donde el océano es representado a menudo como un universo-espejo que contiene réplicas o reflejos de cuanto hay en la Tierra. Lo cierto es que, al final de su autobiografía, reconoció que “inconsciente” tal vez fuera un término demasiado neutral y racional, que podría sustituirse por mana, daimon o Dios.

En la alquimia encontró quizá la representación más sofisticada del alma del mundo: Mercurio, que personificaba tanto un dinámico espíritu inmanente en la materia como el propio inconsciente colectivo. La figura mitológica de Proteo, una imagen predilecta del Renacimiento, representaba una combinación de la imagen del mar y la personificación: como vástago daimónico del dios del mar Poseidón, Proteo es el que cambia de forma par excellence: siempre es él mismo, pero siempre aparece como otra cosa. 

Cunado Jung hablaba de “imágenes”, es obvio que se refería sobre todo a las imágenes arquetípicas que nos encontramos como dáimones y dioses. No debemos dejarnos engañar con la palabra “imagen” y considerarlas como algo irreal. Al contrario, deberíamos abordarlas del modo en que Jung abordaba a dáimones como su Filemón: "como si fueran personas reales” a quienes él “escuchaba atentamente”. Observemos que no las trataba como reales literalmente, como nosotros tratamos (equivocadamente) las alucinaciones o (correctamente) a las personas de la calle. No las trataba como “extraterrestres”. Ni las trataba como partes de sí mismo, ilusiones o meras proyecciones. Las trataba como seres metafóricos, como si fueran personas reales. Y es esta realidad metafórica, tan real (si no más) como la realidad literal –tan real como Filemón-, lo que él llamaba “realidad psíquica”. Con el fin de suprimir el matiz de subjetividad que se otorga popularmente a la palabra “psíquica”, la llamaré realidad daimónica.

La ventaja del Anima Mundi frente al inconsciente colectivo como metáfora raíz para la realidad daimónica es que nos devuelve a la idea de alma, con todas sus connotaciones religiosas, en lugar de psique, que ha perdido dichas connotaciones en manos de casi todo el mundo excepto Jung. Además, no sugiere, como hace el “inconsciente”, un mundo dentro de nosotros fácilmente reducido a “mera psicología”, sino que reintroduce la idea de un mundo objetivo. Y dotado del alma “ahí fuera”.

“Si todas nuestras imágenes mentales, no menos que las apariciones (y no veo ningún motivo para diferenciarlas)”, escribió Yeats, “son formas que existen en el vehículo general del Anima Mundi, reflejadas en nuestro vehículo particular, muchas cosas torcidas se enderezan.” Desde nuestro punto de vista, el alma es un microcosmos, un “pequeño mundo” en sí mismo que incluye un nivel colectivo profundo o alma del mundo donde se reúnen las almas de todos los individuos. Desde el punto de vista del alma del mundo, es un macrocosmos, un mundo impersonal completo, que paradójicamente puede manifestarse de una manera personal: como almas humanas individuales. Jung entendía que si penetramos lo bastante hondo en nosotros mismos, por así decirlo, el inconsciente se vuelve hacia fuera: “en el fondo”, la psique es simplemente “el mundo”.

Tomado de "Realidad Daimónica - Patrick Harpur"

miércoles, 24 de septiembre de 2014

COMPLEJOS, ARQUETIPOS Y MITOS - PATRICK HARPUR



En su obra más temprana Jung habría llamado a los dáimones (1) personales “complejos”, esa parte del inconsciente de sus pacientes que, habiendo sido negada o reprimida, tiende a escindirse y adquiere una semiautonomía, como nos encontramos en los casos de “desorden de personalidad múltiple”. Estos fragmentos psíquicos son como personalidades por derecho propio, con su propia voz. El objetivo de la psicoterapia era (a grandes rasgos) rastrear la causa de la escisión en el historial del paciente y traerla a la conciencia para que el fragmento o complejo pudiera reintegrarse y así dejar de hacerse notar a través de síntomas indeseables. Estrictamente hablando, nosotros no tenemos complejos, sino que ellos nos tienen a nosotros. Nosotros somos impotentes en manos de las obsesiones, compulsiones, fijaciones, aversiones y demás.

Pero incluso cuando los complejos se han desenredado muestran contenidos que no pertenecen a la historia personal…, contenidos que apuntan hacia abajo, por así decirlo, hacia el mundo impersonal de los arquetipos. Aquí encontramos dáimones en cuyas manos somos igualmente impotentes, ya no en el sentido neurótico, sino en el de estar empujados por el destino, llamados por un dios.

El gran logro de Jung fue no seguir la tradición filosófica occidental al uso traduciendo siempre imágenes y personificaciones en conceptos y abstracciones del pensamiento. En lugar de eso, permaneció fiel a las imágenes mismas, reteniendo se naturaleza personificada como, por ejemplo, Sombra, Héroe, Anima, Gran Madre, etc. (Y aquí debo subrayar que no empleo la palabra personificación en el sentido antropomórfico habitual, implicando que creamos a los dioses y dáimones a nuestra propia imagen o que son nuestras proyecciones. Al contrario, la aparición de dioses y dáimones precede al concepto de personificación. Nosotros no personificamos; más bien, los dáimones llegan como personas.)

Además, Jung reconoció en la naturaleza del ego –el sentido del “yo”- lo que nos engaña induciéndonos a creer que somos una sola personalidad unificada. Porque, en realidad, la psique se compone de varias personalidades diferentes, cada una con sus propias demandas, que el ego se ve conducido a ignorar, subordinar o aniquilar. Por eso Jung quería desplazar el centro de la personalidad desde el ego hacia el sí-mismo, que él concebía como un complexio oppositorum, un complejo de opuestos en el que nuestras personalidades distintas y opuestas podrían acomodarse armónicamente, alcanzando una co-inherencia como una especie de paradójica multiplicidad-en-la-unidad. 

Jung otorgó una relativa autonomía a los complejos llamándolos “Gente pequeña”. Vio que remitían a los arquetipos como los dáimones remitían a (y derivaban hacia) los dioses. No es ésta una relación estática sino dinámica, que forma modelos arquetípicos: acciones narrativas a las que llamamos mitos.

Freud reconoció que nuestras ideas y acciones se ajustan a determinados arquetipos y motivos mitológicos, pero tendía a reducir a éstos a solo unos pocos, como el mito de Edipo. Jung, por su parte, vio que, en lo hondo del inconsciente colectivo, todos los mitos gozaban de buena salud, viviendo sus propias vidas. La influencia encubierta que ejercen sobre nosotros sale a veces a la superficie espontáneamente, como en los pacientes psicóticos a los que se descubrió representando algún mito arcano del que no podían tener ningún conocimiento consciente. O bien hombres y mujeres de visión y autoconocimiento excepcional pueden adquirir consciencia del mito que están viviendo, al igual que Jung era consciente de estar reproduciendo en su obra el antiguo proceso de la alquimia, no química sino psicológicamente. 

En otras palabras, “la mitología es psicología antigua, y la psicología es mitología reiciente.” Y para la cultura occidental desde el Renacimiento, mitología significa la mitología griega o grecorromana. No es que Jung ignorase otras mitologías; de hecho, la recurrencia de motivos perturbadores, sacados de los mitos germánicos, que detectó en las psiques inconscientes de sus pacientes alemanes le permitió vaticinar, ya que en los años veinte, el estallido de la Segunda Guerra Mundial. Pero, en su mayor parte, es la incomparablemente sutil, detallada y elaborada mitología de los antiguos griegos la que proporciona la guía más solvente en la vida profunda de la psique colectiva.

Y así es como debemos revisar, o incluso invertir, nuestra visión de los mitos, igual que tuvimos que revisar nuestra visión de los sueños. En lugar de verlos como relatos arcaicos e invenciones primitivas, debemos verlos como la encarnación de verdades psicológicas, historias arquetípicas que nos hablan de una forma simbólica y poética sobre cómo somos realmente. Incluso hay mitos, como veremos, que prefiguran la negación del mito en sí. Son historias verdaderas, que describen acontecimientos que nunca ocurrieron en la historia pero que tuvieron lugar, igual que lo siguen teniendo, en el reino intemporal del inconsciente colectivo. Si sus protagonistas, los dioses y dáimones, cambian de forma –apareciendo, pongamos, como alienígenas de otros planetas-, es solo que se han hecho un nuevo traje para adaptarse a los tiempos. 

Notas
(1) Toda clase de seres que se encuentran en el mundo intermedio entre el físico y el arquetípico. Toda clase de espíritus como los conocían los neoplatónicos.

Tomado de "Realidad Daimónica - Patrick Harpur"

martes, 23 de septiembre de 2014

LOS DÁIMONES DE PLATÓN - PATRICK HARPUR


Las grandes autoridades en el mundo intermedio de la realidad psíquica fueron los neoplatónicos, que florecieron desde mediados del siglo III a.C hasta mediados del VI. Siguiendo el diálogo más místico de Platón, el Timeo, llamaron a la región intermedia el Alma del Mundo, comúnmente conocida en latín como Anima Mundi. Así como el alma humana mediaba entre el cuerpo y el espíritu, el alma del mundo mediaba entre el cuerpo y el espíritu, el alma del mundo mediaba entre el Uno (que, como Dios, era el origen trascendente de todas las cosas) y el mundo material y sensorial. Los agentes de esta mediación recibían el nombre de dáimones (a veces escrito daemones); éstos, se decía, poblaban el Alma del Mundo y proporcionaban la conexión entre los dioses y los hombres.

Más tarde la cristiandad declaró injustamente a los dáimones demonios. Pero originariamente eran solo los seres que abundaban en los mitos y el folclore, desde las ninfas, los sátiros, los faunos, o las dríadas de los griegos, hasta los elfos, gnomos, trols, jinn, etc. Por ello, denomino a todas las figuras de las apariciones, incluidos nuestros alienígenas y seres feéricos, con el nombre genérico de dáimones.

Los dáimones eran esenciales para la tradición de la filosofía gnóstico-hermético-neoplatónica, que era más como una psicología (en el sentido junguiano) o una disciplina mística que como los ejercicios de lógica en que se convirtió la filosofía. Pero los dáimones del mito evolucionaron hacia un tipo más ajustado a estas filosofías, ya fueran ángeles, almas, arcontes, tronos, potestades, muchos de los cuales se infiltraron luego en el cristianismo. Siempre flexibles, los dáimones cambiaban de forma para adaptarse a los tiempos, transformándose incluso en abstracciones si era necesario (las hénadas neoplatónicas, por ejemplo), aunque prefiriendo, dentro de lo posible, permanecer como personificaciones. El elenco de personajes arquetípicos de Jung –sombra, animal/animus, Gran Madre, Anciano Sabio- lo coloca sólidamente en esta tradición.

Nunca del todo divinos ni del todo humanos, los dáimones emergieron del Alma del Mundo. No eran espirituales ni físicos, sino las dos cosas. Tampoco eran, tal como Jung descubrió, enteramente internos ni externos, sino ambos. Eran seres paradójicos, buenos y malos, benéficos y temibles, guías y censores, protectores y exasperantes. La Diotima de Platón los describe en el Banquete, un diálogo consagrado al más ignorado de todos los temas por la filosofía moderna: el amor.

“Todo lo daimónico es un intermedio entre dios y mortal. Interpretando y transmitiendo los deseos de los hombres a los dioses y los deseos de los dioses a los hombres, permanece entre ambos y llena el vacío (…). Un dios no tiene contacto con los hombres; solo a través de lo daimónico se dan el trato y la conversación entre hombres y dioses, ya sea en estado de vigilia o durante el sueño. Y el hombre experto en semejante relación es un hombre daimónico…”

En términos jungianos, los dáimones son imágenes arquetípicas que, en el proceso de individuación, nos conducen hacia los arquetipos (dioses) mismos. No necesitan transmitir mensajes, pues ellos son en sí el mensaje. Los griegos comprendieron desde una época temprana que los dáimones podían ser psicológicos, en el sentido junguiano. Atribuían a los dáimones “esos impulsos irracionales que se alzan en un hombre contra su voluntad para tentarlo, como la esperanza o el miedo”. Los dáimones de la pasión o los celos y el odio todavía nos poseen, como han hecho siempre, haciendo que nos lamentemos tristemente: “No sé lo que me pasó. Estaba fuera de mí.” Pero, auque la actividad daimónica es más fácil de detectar en el comportamiento obsesivo e irracional, siempre está trabajando silenciosamente entre bastidores. Nuestra tarea es identificar los dáimones que hay detrás de nuestras necesidades y deseos más profundos, de nuestros proyectos e ideologías, pues como hemos visto, éstos siempre tienen una implicación religiosa, yendo y viniendo del ser divino y arquetípico. No debemos ignorarlos, porque como dice Plutarco, aquel que niega los dáimones rompe la cadena que una al mundo con Dios.

Tomado de "Realidad Daimónica - Patrick Harpur"

REALIDAD PSÍQUICA - PATRICK HARPUR


Jung sostenía una cosmovisión que hacía inteligibles las apariciones. La descubrió empíricamente examinando los sueños y fantasías de sus pacientes, que le llevaron a desvelar un profundo nivel colectivo del inconsciente con un contenido de imágenes arquetípicas que vivían una vida objetiva independiente. Como es natural, buscó algún equivalente de su idea, y fue a encontrarlo, quién iba a decirlo, en la alquimia. Lejos de ser tan solo una forma primitiva de la química, la alquimia resultó ser un complejo sistema ritual de autoiniciación; toda una “ciencia del alma”, de hecho. 

Leyó en un texto alquímico la siguiente observación, hecha de pasada, que decía que “el alma solo está confinada al cuerpo parcialmente, al igual que Dios está solo parcialmente confinado al cuerpo del mundo." Esto confirmaba su propia conclusión, según la cual “la psique es solo parcialmente idéntica a nuestro ser empírico consciente; en cuanto al resto, se proyecta y en este estado imagina o representa las cosas que el cuerpo no puede captar…”. Aquí, la naturaleza objetiva de la psique quedó firmemente establecida. Pero Jung se sigue aferrando a la interioridad fundamental de la psique, cuyas manifestaciones externas solo serían proyecciones. Para cuando sale su obra magna –Mysterium Coniunctionis (1955 – 1956)- incluso esta convicción se ha visto sacudida. “Puede que sea un prejuicio”, reflexiona Jung, “restringir la psique a estar “en el interior del cuerpo”. En la medida en que la psique tiene un aspecto no espacial, puede haber psique “fuera-del-cuerpo”, en una región tan absolutamente distinta de la esfera de “mi” psique que uno tenga que salir de sí mismo (…) para llegar allí.”

Jung se imaginaba esta región como un “territorio ajeno exterior al ego”, como aquellos en los que creen los pueblos tribales; todo un mundo, invisible pero presente en éste, que estaba habitado por los espíritus de los ancestros y por espíritus que pertenecían a ese mundo (y que nunca se habían encarnado). Por supuesto, también podía percibirse como un mundo “psíquico interior”, como un mundo en miniatura. En otras palabras, Jung ya no pensaba tanto en términos de dos mundos, en interior y otro exterior, sino en términos de dos aspectos del mismo mundo: un microcosmos y un macrocosmos. Jung llamó a este mundo realidad psíquica.

Para nosotros es difícil captar la realidad psíquica porque nuestra cosmovisión ha sido obstinadamente dualista durante largo tiempo. El dualismo cuajó a principios del siglo XVII con el nuevo empirismo de Francis Bacon y la filosofía de René Descartes, que dividió firmemente el mundo entre mente (sujeto) y extensión (objeto). Pero el trabajo de base para tal distinción se había establecido, siglos antes, en el Concilio Eclesiástico de 869, que decretaba dogmáticamente que el hombre está compuesto de dos partes, cuerpo y espíritu. El tercer componente –alma- estaba contenido en el espíritu, y así se perdió una distinción esencial. Pues es precisamente al alma (psykhé en griego, anima en latín) a lo que se remite la realidad psíquica: un mundo intermedio, entre lo físico y lo espiritual, que participa de ambos.

Con el advenimiento del cristianismo en el mundo, la creencia en la realidad psíquica se derribó. Filemón era el antepasado espiritual de Jung.

Tomado de "Realidad Daimónica - Patrick Harpur"

LA VISIÓN CRISTIANO CIENTÍFICA (DE LAS APARICIONES) - PATRICK HARPUR


Este artículo es una crítica de Patrick Harpur a la forma de percibir las apariciones por los cristianos y científicos, cuyo paradigma no deja observar la realidad como tal. Da algunas pautas de cómo liberarse del veneno cultural de estos dos paradigmas.

“Resulta divertido e interesante establecer distinciones entre diferentes tipos de seres feéricos (1) y entre, pongamos, seres feéricos y alienígenas. Pero una clasificación formal no es posible ni, creo yo, deseable. La clasificación presupone un tipo de pensamiento que no es aplicable al mundo visionario o de las apariciones. Y, además, las propias apariciones se resisten a ello. En cuanto se les atribuye una característica, viene otra a contradecirla. Así pues, en lugar de constreñir las apariciones a una u otra categoría, es más sensato dejar que tomen ellas la iniciativa para saber cómo debemos verlas. Esto significa modificar nuestro punto de vista, que, explícita o implícitamente, ha sido modelado por el cristianismo y, más recientemente, por la ciencia. 

El cristianismo no consiente las hadas, ni los alienígenas o similares. Sus dirigentes apenas pueden tolerar las visiones acreditadas de la Virgen María. En conjunto, el cristianismo desearía que las apariciones se esfumaran. Si no lo hacen, se ve inducido a afirmar que son obra del diablo. La ciencia las ignora por completo. Las apariciones y las visiones, contrariamente a lo que creen, por ejemplo, la mayoría de los ufólogos, tienen poco que ver con la ciencia. A pesar de todos los esfuerzos de pseudocientíficos como los parapsicólogos para demostrar su existencia, seguirán siendo (como casi todas las cosas en la vida) rumores, habladurías, anécdotas, historias y experiencias privadas. Siempre habrá abundantes historias sobre pruebas –afirmaciones de que hadas y alienígenas han sido atrapados, disparados, fotografiados o lo que sea-, pero no nunca existirá una prueba inequívoca en sí misma. Y, aun así, la prueba no demuestra nada. Nadie que haya visto o sentido toda la fuerza de una aparición pide pruebas, y si trata de desmotrárselo a otros es solo porque se siente obligado a hacerlo, al tenor científico de nuestro tiempo. 

Si la ciencia se conformara con ignorar las apariciones, todo estará bien. Por desgracia, ha alimentado una ideología, el cientificismo (a grandes rasgos, una mezcla de positivismo lógico y materialismo filosófico), que cree apropiado pronunciarse sobre cuestiones que no le conciernen, como la experiencia visionaria. Puesto que estas cuestiones no se adecuan a los esquemas de cosas, el cientificismo las condena con todo el celo de un cristiano converso. En el mejor de los casos, adopta una postura de superioridad, como si perteneciera a un terreno moral más elevado, y recurre a la psicología (con lo cual quiere decir “dentro de la mente”) o, sí, a “tensiones psicosociales”. Ni en sueños daría crédito al testimonio de personas corrientes. Forma parte intrínseca del cristianismo “oficial” y del cientificismo proyectarse como superiores (el cristianismo y el cientificismo verdaderos sufren la duda y la humildad).

Para entender las apariciones tenemos que cultivar una visión del mundo distinta de la que se basa el cristianismo, la ciencia y sus legados ideológicos. Como ya hemos visto en Jung, que sostenía tal visión, una parte considerable de ello implica dar la vuelta a presuposiciones, reexaminar la “realidad” y reinstaurar la importancia de los sueños, los contenidos inconscientes y las imágenes del alma. Afortunadamente, no es algo tan difícil como sugiere la complicada y a menudo ampulosa psicología de Jung. Y es que la misma visión existía en todas partes en la era precristiana, y existe todavía en las culturas no monoteístas. Incluso existe, contra todo pronóstico, extraoficialmente –instintivamente- entre grupos e individuos de un precedente de su visión, de un contexto histórico para las pruebas que ven con sus propios ojos.”

(1) Por "seres feéricos" el autor entiende todo tipo de entidades elementales como elfos, gnomos, duendes, hadas, etc.

Texto tomado de "Realidad Daimónica - Patrick Harpur"

lunes, 22 de septiembre de 2014

SUEÑOS - PATRICK HARPUR


Hay que subrayar que, aunque los sueños son experiencias internas, no son subjetivos. Es decir, que no son nuestras mentes conscientes quienes los crean. No nos pertenecen, sino que son algo que nos sucede. Los antiguos griegos hacían bien en nunca decir que no habían tenido un sueño, sino que habían visto un sueño. También hacían una distinción fundamental entre los sueños significativos y los que no lo son. Los sueños ordinarios, cuyo contenido remite a acontecimientos de nuestras vidas, eran producto del inconsciente personal. Pero también están los sueños arquetípicos, que derivan del inconsciente colectivo, llamados “significativos” por los griegos y “grandes sueños” por las sociedades tribales.  El ambiente de éstos es bastante distinto al de los sueños ordinarios. Se distinguen por su intensidad y su claridad y, por encima de todo, por su sentido de la realidad. Se perciben como sagrados y, en ocasiones, proféticos. Un ejemplo típico, citado por Jung, es el de una mujer que soñó que bajaba por los Campos Elíseos en autobús. Sonó la alarma antiaérea y todos los pasajeros se bajaron y desaparecieron en las casas de los alrededores. La mujer, que fue la última en dejar el vehículo, intentó meterse en una casa, pero las puertas estaban cerradas. La calle estaba absolutamente vacía. Se apoyó en una pared y alzó la vista al cielo. En lugar de las esperadas bombas vio “una especie de platillo volante, una esfera metálica con forma de gota. Iba volando bastante despacio de norte a este, y [ella] tuvo la impresión de que la estaban observando”. En medio del silencio, oyó los tacones de una mujer que bajaba caminando por la calle vacía. “El ambiente era de lo más raro.”

Vemos aquí la transición del inconsciente personal, por decirlo así, al colectivo: la mujer está viajando con bastante normalidad cuando suena la “alarma antiaérea”. La dejan sola frente a la dramática aunque habitual situación de un ataque enemigo. Pero en lugar de eso aparece algo completamente externo a este mundo, una epifanía, acompañada del aura de rareza que rodea a los avistamientos de ovnis.

Un mes más tarde, la mujer tuvo otro sueño:

“Estaba caminando de noche por las calles de una ciudad. Unas “máquinas” interplanetarias aparecieron en el cielo y todo el mundo huyó. Las “máquinas” parecían grandes puros de acero. Yo no hui. Fui detectada por una de las “máquinas”, que vino directa hacia mí en ángulo oblicuo. Yo pienso: el profesor Jung dice que no hay que escapar, así me quedo ahí quieta y miro la máquina. Vista de cerca y por delante era como un ojo circular, medio azul y medio blanco”.

Aquí, el sentido de la epifanía –de un dios o de Dios mismo manifestándose- se intensifica. El ojo único es como el alma con varios ojos que todo lo ven mencionada por Cesáreo. Pero, aunque puede que el consejo de Jung a su paciente sea sensato, hay que tener en cuenta que el contacto directo con poderes espirituales es equívoco –tan peligroso como beneficioso-, tal y como muestra la segunda parte de este mismo sueño. La mujer se encuentra en una habitación de hospital. “Entran mis dos jefes, muy preocupados, y le preguntan a mi hermana cómo estoy. Ella contesta que la sola visión de la máquina me ha quemado todo el rostro. Solo entonces me doy cuenta de que están hablando de mí, y de que tengo toda la cabeza vendada, aunque no puedo verla.”

Los testigos de ovnis relatan que se les quema la cara, les salen erupciones, irritaciones en la piel, conjuntivitis… Atribuyen estos síntomas a la “radiación”. Pero lo que vemos es que no todas las radiaciones tienen que ser literales. Las abrasadoras imágenes arquetípicas dejan su marca en un sentido psíquico y simbólico, además de en un sentido físico y literal. Moisés tuvo que cubrirse el rostro después de ver la zarza ardiente, no porque ardiera por radiación, sino por que irradiaba por la gloria del Señor, no podía ser mirada.

Así, los ovnis pueden aparecer en sueños con una lucidez muy vívida, e incluso más que eso. Pero, a la inversa, las visiones de ovnis en vigilia suelen estar rodeadas por un ambiente extraño y onírico, la misma calma y rareza que se presentan en sueños. Muchos testigos relatan que al ver ovnis, parece como si el tiempo se detuviera y a veces aparece un silencio extraño. Los testigos describen una sensación de aislamiento y ensimismamiento, como si (igual que en el ejemplo del sueño) todo lo demás se hubiera desvanecido de repente; una sensación de unidad con el objeto percibido en que la aprensión o temor iniciales pueden ser reemplazados por una sensación de tranquilidad apagada.

Otra rareza se describe, como despertarse en medio de la noche y tener una urgencia por asomarse por una ventana. Al observar por la ventana, se ve el ovni. A menudo cuando esto sucede, el testigo olvida lo que ha visto. Muchas personas lo recuerdan, porque escribieron el suceso cuando ocurrió. Similarmente, como cuando, se olvidan “grandes sueños” hasta que un leve recordatorio los trae de nuevo a la memoria. También sucede con las personas que ven ovnis en estado de vigilia, que los recuerdan cuando leen un informe de otra persona. 

Los sueños son reales, si bien es un orden de realidad diferente del que nos complacemos en considerar normal. No se deben subestimar los sueños.

Tanto Jung como Freud, consideraron los sueños la via regia al inconsciente y, por tanto, al autoconocimiento. La paradoja del inconsciente es, que solo es inconsciente desde el punto de vista la conciencia en vigilia ordinaria. Cuando ésta duerme o se encuentra en suspenso, el “inconsciente” revea una asombrosa consciencia propia que a menudo ve y sabe más que nosotros. Sueño y vigilia no tienen por qué ser tratados como contrarios. Uno puede invadir al otro. Se pueden considerar los sueños como visiones del durmiente, y las visiones como sueños en vigilia. Los primeros tienen lugar interiormente y los segundos, exteriormente. Pero son de la misma especie.

La condición visionaria es muy frágil. Una vez se ha roto el encantamiento por la llamada al orden y al sentido común, se evapora y el gran secreto queda olvidado.

Los espíritus feéricos tienen correspondencia con los alienígenas actuales.

Texto tomado de "Realidad Daimónica - Patrick Harpur"

EL ALMA - PATRICK HARPUR


En las épocas antiguas la psique o alma se imaginaba de numerosas maneras: como un cuerpo volátil y etéreo, como un homúnculo (una persona pequeña o un niño), como un pájaro (en las tradiciones celtas e islámica) y como una esfera brillante y ardiente. Algunas visiones describen que el alma tiene forma esférica o de vasija, con ojos que lo ven y saben todo. Esta aura de omnisciencia es una marca distintiva de muchos encuentros con ovnis. También se ha descrito como “una sustancia espiritual, de naturaleza esférica, como el globo de la luna” (la luna es en sí misma un símbolo tradicional del alma). Cesáreo de Heisterbach lo resume con una distinción interesante: a los ojos mortales el alma aparenta tener una forma corpórea, pero para aquellos que están liberados de la carne el alma aparece como una esfera luminosa.

Se ha descrito también como una figura luminosa, redonda y ovalada y siempre orbitando entre dioses y estrellas y a veces con más dimensiones de las que podemos ver y comprender. 

Una forma de considerar las apariciones luminosas es como imágenes del alma proyectadas por el alma misma. Jung también se fijó en la frecuencia con que aparecían muchas de esas apariciones, representando una desintegración y fragmentación de la psique. Pueden verse como “almas parciales” que llegan a aparecer en circunstancias bastante corrientes. Una paciente soñó con varias figuras luminosas que colgaban de las cortinas de su habitación. Jung lo interpretó como fragmentos escindidos de psique que buscan ser reintegrados en la personalidad con el fin de alcanzar o restablecer la completud psíquica. Es más, sabía que, mientras esos fragmentos permanezcan en un estado de proyección o “exteriorizados”, pueden causar todo tipo de fenómenos parapsicológicos. En efecto, cuando su paciente despertó oyó un fuerte estallido: la parte superior del vaso que tenía en la mesita de noche se había roto en forma circular perfecta y su borde estaba completamente liso.

Jung sostiene que la aparición de bolas grandes de luz a gran escala refleja una tensión que ya no se limita a la psique individual, sino a la colectiva. Hay una ruptura en el mundo psicológico, entre lo consciente y lo inconsciente, y también en el mundo político, entre Oriente y Occidente. En una época en que la humanidad estaba considerando los viajes al espacio y se preocupaba por la superpoblación y la bomba atómica, era natural que aparecieran “señales en los cielos” como ovnis con formas que reflejan nuestra propia fantasía.

Los ovnis son ambiguos. Por una parte simbolizan la desintegración de la unidad psíquica, llegando en gran número y con multitud de formas, no tan solo de disco o circular, sino enormes o minúsculas, lenticulares o cónicas, aladas o sin alas, con o sin alerones, etc. (a duras penas son idénticos dos avistamientos, lo que juega en contra de la hipótesis de las naves espaciales). Por otra parte, simbolizan el potencial de reintegración –la completud, el sí mismo- apareciendo también por separado y con formas como los mandalas. No tienen un propósito, declararía Jung, como tampoco lo tienen los mitos. Son fenómenos naturales producidos por la necesidad de un equilibrio psíquico; y a nosotros nos toca reflexionar sobre ellos, mientras ellos nos reflejan a nosotros, con la esperanza de cicatrizar cualquier fisura psíquica que nos hostigue.

Aunque algunos ovnis parezcan objetos sólidos y así aparezcas en pantallas de radares, no altera lo dicho en modo alguno. Y es que “… o las proyecciones físicas envían un eco al radar, o bien la aparición de objetos reales proporciona la posibilidad de proyecciones mitológicas.” Las proyecciones del inconsciente colectivo pueden tener una apariencia física; o bien, aunque los ovnis pueden ser físicos, no son necesariamente extraterrestres. Proyectamos esta interpretación sobre ellos por una necesidad inconsciente de un mito que encarne, digamos, el concepto de intervención celeste mediante poderes sobrenaturales.

El inconsciente colectivo es objetivo. Los ovnis o las apariciones de luces son siempre objetivos, pero derivan del reino interno de la psique. Pueden aparecer a la vista como proyecciones, pero para ser consecuentes, también deben aparecer internamente, como fantasías, y sobre todo como sueños.

Texto tomado de "Realidad Daimónica - Patrick Harpur"

EL INCONSCIENTE COLECTIVO - PATRICK HARPUR


A parte de nuestra vida consciente (que, erróneamente se considera como nuestro yo), hay una vida inconsciente que en general se ignora. El inconsciente es el depositario de nuestra experiencia pasada, parte de la cual se puede recordar conscientemente a voluntad (memoria); pero con otras partes no ocurre así, puesto que están reprimidas. No obstante, un contenido reprimido no desaparece sin más, sino que continúa ejerciendo una influencia soterrada en nuestras vidas, reapareciendo de forma indirecta como neurosis. A grandes rasgos, la tarea del psicoanálisis es alentar al paciente para que saque a la luz esta experiencia olvidada o reprimida –a menudo en la infancia-, para así deshacer el nudo psicológico que está provocando la neurosis y sus poco deseables síntomas.

Pero, a diferencia de Freud, Jung trataba con pacientes que sufrían perturbaciones más serias, psicosis más que neurosis, y en sus delirios y fantasías percibió gran cantidad de imágenes y motivos que no era posible explicar recurriendo a sus vidas personales. Por ejemplo, un paciente podía albergar ideas y creencias fantásticas que no hallaran ninguna analogía más que en algún esotérico mito gnóstico. Así que Jung se vio obligado a reconocer un nivel más profundo de la psique que contenía la experiencia pasada no solo de nuestras vidas personales, sino de toda la especie. Llamó a este nivel de la psique “el inconsciente colectivo”. Para distinguirlo del subconsciente de Freud (al que, a su vez, rebautizó como “inconsciente personal”).

Si Jung describía el inconsciente en términos de estratos o niveles, era solo una manera de hablar. El inconsciente en sí no puede describirse; solo puede representarse mediante metáforas. No se divide en niveles de forma nítida, por ejemplo. Más bien es océanico, cambiante, un hervidero en constante fluctuación. En efecto, el océano era la metáfora preferida de Jung, según la cual la conciencia es, por supuesto, tan solo una pequeña isla que emerge y está rodeada de la vasta fluidez del inconsciente.

El contenido del inconsciente es un mar de imágenes. Normalmente son visuales, pero no exclusivamente, ya que pueden ser abstracciones, modelos, ideas, inspiraciones e incluso humores. Las imágenes del inconsciente colectivo son representaciones de lo que Jung llamaba “arquetipos”. No era una idea nueva –se remonta a Platón, que postulaba un universo ideal de formas, del que todo lo que hay en este mundo sería una simple copia-, pero sí era nueva idea aplicada a la psicología. Los arquetipos son paradójicos. No pueden conocerse en sí mismos, pero pueden conocerse de manera indirecta a través de sus imágenes. Son impersonales por definición, pero se pueden manifestar personalmente. Por ejemplo, el arquetipo que se encuentra, por así decirlo, más cerca de la superficie se denomina sombra. A un nivel personal, encarna nuestro lado inferior, todos nuestros rasgos reprimidos. Podría aparecer en sueños y fantasías, por lo tanto, como un gemelo secreto o un conocido al que se desprecia o un hermanastro idiota. Al mismo tiempo, nuestras sombras personales están enraizadas en una sombra colectiva impersonal, el arquetipo del mal, como el que representa el Diablo cristiano.

Es más común encontrar una imagen arquetípica indirecta (es decir, en proyección) que directamente. Aquí se hace evidente lo acertado del término sombra. Y es que el arquetipo se salta totalmente la conciencia y proyecta una sombra sobre el mundo exterior. Entonces nos encontramos con lo que está dentro de nosotros como si estuviera fuera. Un objeto o una persona del mundo pueden recibir una proyección y cargarse de repente de un significado arquetípico. Cuando nos enamoramos locamente de alguien de quien sabemos muy poca cosa, lo más común es que hayamos caído presa de una “proyección del anima”, que recubre a la persona real y la imbuye de un significado casi sagrado. El anima (o, en una mujer, el animus) es el segundo arquetipo importante descubierto por Jung. Es el principio femenino en el hombre, la personificación inconsciente en sí. Como tal, son infinitas las imágenes con las que se representa: virgen, bruja, esposa, chica-del-montón, diosa, ninfa, lamia, etc.

El arquetipo que más nos concierne es el que Jung denominó sí-mismo, el objetivo de toda vida psíquica, de todo desarrollo personal, que él llamaba individuación. Este proceso constituye la tarea más importante de nuestras vidas, en el transcurso de las cuales se supone que debemos hacer conscientes, en la medida de lo posible, los contenidos de nuestro inconsciente, por ejemplo, dejando de proyectar en el mundo. El resultado es la expansión de la personalidad y, finalmente, un estado de completud que abraza incluso los aspectos más oscuros y contradictorios de nosotros mismos. El arquetipo del sí-mismo está prefigurado en la imagen del Anciano Sabio y se consuma en su matrimonio místico con el anima. Pero tales personificaciones no son las únicas imágenes del sí mismo. Éstas también se dan en formas abstractas, particularmente en patrones circulares, a menudo divididos en cuatro, que las religiones orientales interpretan desde hace mucho y a los que denominan mandalas. Estas imágenes pueden darse espontáneamente hacia el principio del proceso de individuación, o en una crisis en nuestra vida psíquica, como guía hacia –y como muestra de- el objetivo final. Jung creía que los “platillos volantes” eran como mandalas; en otras palabras, que los ovnis son proyecciones del inconsciente colectivo.

Texto tomado de "Realidad Daimónica - Patrick Harpur"

sábado, 9 de agosto de 2014

EL SENDERO DE LA MANO DERECHA Y EL SENDERO DE LA MANO IZQUIERDA - STEPHEN E. FLOWERS


Ahora la cuestión fundamental se convierte en la manera en que se está consciente, cómo las almas libres se van a relacionar, o tratan de interactuar con el universo objetivo, el universo en su totalidad. El sendero de la mano derecha responde a estas preguntas simplemente diciendo que el universo subjetivo debe armonizarse con las leyes del universo objetivo - que es imaginado como Dios o la naturaleza. La humanidad busca el conocimiento de la ley y, a continuación aplican a someterse a la ley para obtener la unión definitiva con el universo objetivo, con Dios, o la naturaleza. El sendero de la mano derecha es el camino de la unión con la realidad universal (Dios o la naturaleza). Cuando se completa la unión el yo será aniquilado, el individuo será uno con el orden cósmico, divino o natural. En este estado el ego se destruye como en la entrada al “cielo” o cuando una nirvánica existencia/no existencia es “alcanzada”. Este es claramente el objetivo de todas las sectas ortodoxas Judaicas/Cristianas/Islámicas o Budistas. 

El sendero de la mano izquierda considera la posición de la humanidad tal como es; toma en cuenta la manifestación y el deseo profundo de cada ser humano para ser libre, permitiendo, un actor independiente dentro de su mundo. El placer y el dolor son hechos posibles por la independencia de la existencia, se ven como algo que debe ser aprovechado y como los signos más razonables, al más alto, más noble destino de los seres humanos para alcanzar – una especie de existencia independiente en un nivel generalmente considerado como divino.

Dado que la mayoría de los seres humanos pasan por su hábitat natural buscando lo que les proporcionará la máxima cantidad de cosas tales como el conocimiento, el poder, la libertad, la independencia y distinción dentro de su mundo, aquellos que recorren el sendero de la mano izquierda, lógicamente, extienden esto al reino no natural. Evitan las amonestaciones del sendero de la mano derecha de que tal “comportamiento espiritual” es “el mal” y básicamente deben “lograr con el programa” convertirse en buenos “hombres de la empresa.” La independencia de la autoconsciencia es vista por muchos como la realidad fundamental de la condición humana - uno puede aceptarlo y vivir, o rechazarlo y morir. Aceptando y conociendo la realidad interna de la conciencia humana, una eterna dinámica – siempre en movimiento, siempre cambiante – la existencia es abrazada; rechazándola y aceptando una realidad externa desconocida, de Dios/Naturaleza, eternamente estática – siempre quieta y permanente – la existencia es aceptada.

En esencia, el sendero de la mano izquierda es entonces la vía de la no-unión con el universo objetivo. Es la manera de aislar la conciencia en el universo subjetivo y, en un estado de soledad psíquica autoimpuesta, refinar el alma o psique a niveles cada vez más perfectos. Entonces, después se armoniza el universo objetivo en sí con la voluntad individual de la psique en lugar de al revés. Cuando el sendero de la mano derecha es teocéntrico (o seguramente alocéntrico - "centrado en otro"),  el sendero de la mano izquierda es psicocéntrico o alma-egocéntrico. Aquellos en el sendero de la mano izquierda pueden argumentar sobre la naturaleza del yo/ego/alma pero que el individuo es el epicentro del sendero en sí parece indiscutible. Una separación eterna de la inteligencia individual del universo objetivo se busca en el sendero de la mano izquierda. Esto equivale a la inmortalidad de la conciencia del yo, independiente, en movimiento dentro del universo objetivo e interactuar con él a voluntad.

Traducido de "The Lords of the Left-Hand Path - Stephen E. Flowers

jueves, 7 de agosto de 2014

MAGIA(K) EN TEORÍA Y PRÁCTICA - ALEISTER CROWLEY


Magia es la ciencia y arte de causar cambio en conformidad con la Voluntad.

Ejemplo: Es mi voluntad informar al mundo de ciertos hechos en mi conocimiento. Por lo tanto tomo armas mágicas, lapicera, tinta y papel, escribo encantamientos, estas mismas oraciones, en un lenguaje mágico, o sea, uno que sea entendido por la gente que deseo instruir, invoco a espíritus, como ser imprenteros, editores, libreros, etcétera, y los hago llevar mi mensaje a esa gente. La composición y distribución de este libro es, entonces, un acto de magia por el cual causo un cambio en conformidad con mi voluntad.

Nota: en un sentido, la magia puede ser definida como el nombre dado a la ciencia por la gente vulgar.
Cualquier cambio requerido puede ser efectuado por la aplicación del tipo y grado de fuerza adecuados, en la manera adecuada, a través del medio adecuado al objeto adecuado.

Ilustración: Deseo preparar una onza de cloruro de oro. Tengo que elegir el tipo correcto de ácido, nitro-hidroclorico, y no otro, en un contenedor que no se rompa, que no pierda y no se corroa, de tal forma de no provocar resultados indeseados, con la cantidad necesaria de oro, y así. Cada cambio tiene sus propias condiciones. En el presente estado de nuestro conocimiento y poder, algunos cambios no son posibles en práctica, por ejemplo, no podemos causar eclipses o convertir plomo en lata, o crear hombres a partir de hongos. Pero es teóricamente posible causar en cualquier objeto cualquier cambio del cual dicho objeto es capaz por naturaleza, y las condiciones están cubiertas por el anterior postulado.

3) Teoremas

1) Todo acto intencional es un acto mágico.

Ilustración: ver definición anterior.

Nota: por intencional queremos decir deseado. Pero incluso los actos no intencionales no lo son verdaderamente. Por lo tanto, respirar es un acto de la voluntad de vivir.

2) Todo acto exitoso fue en conformidad con el postulado.

3) Toda falla prueba que uno o más de los requerimientos del postulado no fueron completados.

Ilustraciones: Puede haber una falla al entender el caso, como cuando un doctor hace un diagnóstico equivocado, y su tratamiento perjudica al paciente. Puede ser una falla por aplicar el tipo de fuerza adecuado, como cuando un rústico trata de apagar una luz eléctrica soplándola. Puede haber una falla en aplicar el grado adecuado de fuerza, como cuando en una pulseada se rompe la agarradera de uno de los participantes. Puede haber una falla en aplicar la fuerza en la manera correcta, como cuando uno presenta un cheque en la ventanilla equivocada del banco. Puede haber una falla en emplear el método correcto, como cuando Leonardo da Vinci vio su obra maestra desvanecerse. La fuerza puede aplicarse a un objeto incorrecto, como cuando uno trata de partir una piedra pensando que es una nuez.

4) El primer requisito para causar cambio es a través de un entendimiento cualitativo y cuantitativo de las condiciones.

Ilustración: La causa más común de falla en la vida es la ignorancia de nuestra propia verdadera voluntad, o de los medios para cumplir esa voluntad. Un hombre puede creerse que es un pintor y desperdiciar su vida tratando de convertirse en uno, o puede realmente ser un pintor, y aun así no entender ni medir las dificultades particulares de esa carrera.

5) El segundo requisito para causar cambio es la habilidad práctica de poner en el movimiento adecuado a las fuerzas necesarias.

Ilustración: Un banquero puede tener un entendimiento perfecto de una situación dada, y aun así faltarle la cualidad de decisión, o del capital necesario como para tomar ventaja de eso.

6) Cada hombre y cada mujer es una estrella. Esto equivale a decir que cada ser humano es intrínsicamente un individuo independiente con su propio carácter y su propio movimiento.

7) Cada hombre y cada mujer tiene un curso, dependiendo en parte de su propio yo, y en parte de su entorno, el cual es natural y necesario para cada uno. Alguien que es forzado a apartarse de su propio curso, sea por que él mismo no lo entiende, o por causa de una oposición externa, entra en conflicto con el orden del universo, y sufre como consecuencia de eso.

Ilustración: Un hombre puede pensar que es su deber actuar en cierta manera, por causa de haberse hecho una imagen fantasiosa de él mismo, en vez de investigar su propia naturaleza real. Por ejemplo, una mujer puede hacerse miserable a ella misma por toda su vida pensando que prefiere el amor a la aceptación social, o viceversa. Una mujer puede quedarse con un marido antipático cuando en realidad estaría feliz en un altillo con un amante, mientras que otra puede engañarse a sí misma con un metejón romántico, cuando su único placer está en dirigir funciones aceptables. También, el instinto de un niño puede decirle que vaya al mar, mientras que sus padres insisten en que se convierta en doctor. En ese caso va a ser tanto ineficaz como infeliz en la medicina.

8) Un hombre cuya voluntad consciente está enfrentada con su verdadera voluntad está desperdiciando su fuerza. No puede pretender influenciar a su entorno eficientemente.

Ilustración: Cuando hay guerra civil en una nación, no está en condiciones de proponerse la invasión de otros países. Un hombre con cáncer emplea su nutrición en misma forma para su propio uso y para el enemigo que es parte de sí mismo. Pronto deja de resistir las presiones del entorno. En la vida práctica, un hombre que hace lo que su consciencia le indica que está mal va a hacerlo muy torpemente, por lo menos al principio.

9) Un hombre que está haciendo su verdadera voluntad tiene la inercia del universo a su favor.
Ilustración: El primer principio de éxito en la evolución es que el individuo debe ser fiel a su propia naturaleza, y al mismo tiempo adaptarse a su entorno.

10) La naturaleza es un fenómeno continuo, por lo tanto podemos no conocer en todos los casos cómo están conectadas las cosas.

Ilustración: La consciencia humana depende de las propiedades del protoplasma, la existencia del cual depende de innumerables condiciones físicas peculiares de este planeta, y este planeta está determinado por el balance mecánico de la totalidad del universo material. Entonces podemos decir que nuestra consciencia está conectada causalmente con las galaxias más remotas, y aun así no sabemos cómo esto surge de, o con, los cambios moleculares en el cerebro.

11) La ciencia nos permite tomar ventaja de la continuidad de la naturaleza por la aplicación empírica de ciertos principios cuya interrelación involucra distintos órdenes de ideas conectados entre sí de una manera que está más allá de nuestra presente comprensión.

Ilustración: Podemos iluminar ciudades con métodos prácticos. No sabemos qué es la consciencia o cómo está conectada con la acción muscular, qué es la electricidad o cómo está conectada con las máquinas que la generan, y nuestros métodos dependen de cálculos que involucran ideas matemáticas que no tienen ninguna correspondencia con el universo tal como lo conocemos, por ejemplo expresiones irreales, irracionales e infinitas.

12) El hombre ignora la naturaleza de su propio ser y sus poderes. Hasta la idea de sus limitaciones está basada en su experiencia del pasado, y cada paso en su progreso extiende su imperio. Por lo tanto no hay razón para asignar límites teóricos a lo que puede ser, o a lo que puede hacer.

Ilustración: Hace una generación se suponía teóricamente imposible que el hombre pudiese conocer alguna vez la composición de las estrellas fijas. Se sabe que nuestros sentidos están adaptados para recibir sólo una fracción de las posibles frecuencias de vibración. Los instrumentos modernos nos han permitido detectar algunas de esas ondas súper sensibles por medios indirectos, e incluso usar sus cualidades peculiares en el servicio del hombre, como en el caso de los rayos de Hertz y Roentgen. Como dijo Tyndall, el hombre puede, en cualquier momento, aprender a percibir y utilizar vibraciones de todo tipo, concebible e inconcebible. La búsqueda de la magia es la búsqueda de descubrir y utilizar las fuerzas de la naturaleza desconocidas hasta ahora. Sabemos que existen, y no podemos dudar de la posibilidad de instrumentos mentales o físicos capaces de darnos una relación con ellas.

13) Cada hombre es más o menos consciente de que su individualidad comprende varios órdenes de existencia, aun cuando mantiene que sus principios sutiles son meramente sintomáticos de los cambios de su vehículo más burdo. Se puede asumir que un orden similar se extiende a través de la naturaleza.

Ilustración: Uno no confunde el dolor de dientes con el desgaste que lo causa. Los objetos inanimados son sensibles a ciertas fuerzas físicas, como la conductividad eléctrica y térmica, pero ni en nosotros ni en ellos, por lo que sabemos, hay una percepción consciente directa de esas fuerzas. Influencias imperceptibles, por lo tanto, están asociadas con todos los fenómenos materiales, y no hay razón por la cual no podamos trabajar sobre la materia a través de esas energías sutiles de la misma manera que lo hacemos a través de sus bases materiales. En efecto, usamos la f fuerza magnética para mover el hierro y la radiación solar para reproducir imágenes.

14) El hombre es capaz de ser y usar, cualquier cosa que percibe, porque todo lo que percibe es, en un sentido, parte de su ser. Entonces, puede subyugar la totalidad del universo del que es consciente a su voluntad individual.

Ilustración: El hombre ha usado la idea de Dios para dictar su conducta personal, para obtener poder por encima de sus iguales, para excusar sus crímenes, y para innumerables otros propósitos, incluyendo el de convertirse a sí mismo en un dios. Ha usado las concepciones irreales e irracionales de la matemática para ayudarlo en la construcción de aparatos mecánicos. Ha usado su fuerza moral para influir en las acciones de hasta animales salvajes. Ha empleado el genio poético para propósitos políticos.

15) Toda fuerza del universo es capaz de ser transformada en cualquier otro tipo de fuerza usando los medios adecuados. Por lo tanto, existe una fuente inagotable de cualquier tipo de fuerza particular que podamos necesitar.

Ilustración: El calor puede ser transformado en luz y poder usándolo para hacer funcionar dínamos. Las vibraciones del aire pueden ser usadas para matar hombres, ordenándolo a través de la palabra e inflamando pasiones guerreras. Las alucinaciones conectadas con las misteriosas energías del sexo resultan en la perpetuación de las especies.

16) La aplicación de cualquier fuerza dada afecta todos los órdenes del ser que existen en el objeto al cual es aplicada, sin importar cualquiera sea de esos órdenes el que es directamente afectado.

Ilustración: Si hiero a un hombre con una daga, su consciencia, no solo su cuerpo, es afectada por mi acto, aunque la daga, por si misma, no tenga una relación directa. Similarmente, el poder de mi pensamiento puede funcionar en la mente de otra persona para producir cambios físicos importantes en él, o en otros a través de él.

17) Un hombre puede aprender a usar cualquier fuerza para lograr cualquier propósito, utilizando los teoremas anteriores.

Ilustración: Un hombre puede usar una navaja para controlar su propia forma de hablar, usándola para cortarse a sí mismo cuando dice sin darse cuenta alguna palabra determinada. Puede servir al mismo propósito resolviendo que cada incidente de su vida debe recordarle alguna cosa en particular, haciendo cada impresión el punto de inicio de una serie de pensamientos conectados que terminan en esa cosa. También puede dedicar toda su energía a algún objeto en particular, resolviendo no hacer otra cosa y haciendo que todo acto sea para ventaja de ese objeto.

18) Puede atraer hacia sí mismo cualquier fuerza del universo convirtiéndose en un receptor adecuado para ella, y manipulando las condiciones como para que su propia naturaleza la obligue a fluir hacia él.

Ilustración: Si quiero beber agua pura, hago un pozo en un lugar que sé que hay agua subterránea, evito que se derrame, y tomo las medidas necesarias para tomar ventaja del comportamiento del agua de acuerdo a las leyes de la hidrostática para llenarlo.

19) La percepción de sí mismo del hombre como un ser separado y opuesto al universo es un obstáculo a conducir sus corrientes. Lo aísla.

Ilustración: Un líder popular es más exitoso si se olvida de sí mismo y sólo recuerda "la causa". La importancia personal solo engendra celos y divisiones. Cuando los órganos del cuerpo afirman su presencia de otra manera que no sea una silenciosa satisfacción, es un signo de que están enfermos. La única excepción es el órgano de la reproducción. Y aún en este caso su afirmación es testigo de la insatisfacción con sí mismo, ya que no puede cumplir su función hasta que esté completado por su contraparte en otro organismo.

20) El hombre sólo puede atraer y emplear las fuerzas para las cuales está realmente preparado.
Ilustración: no se puede hacer un bolso de seda con una oreja de chancho. Un verdadero hombre de ciencia aprende de cada fenómeno. Pero la naturaleza es tonta para el hipócrita, porque en ella no hay nada falso
.
Nota: no es un obstáculo que el hipócrita sea parte de la naturaleza. Es un producto endotérmico, dividido contra sí mismo, con una tendencia a quebrarse. Va a ver sus propias cualidades en todas partes, y por lo tanto obtener una idea radicalmente equivocada del fenómeno. La mayoría de las religiones del pasado fallaron por esperar que la naturaleza actúe de acuerdo a sus propios ideales de conducta apropiada.

21) No hay límite a la extensión de las relaciones de cualquier hombre con el universo en esencia, porque tan pronto como el hombre se hace uno con cualquier idea los medios de medida dejan de existir. Pero su poder para utilizar esa fuerza está limitado por su poder mental y capacidad, y por las circunstancias de su entorno humano.

Ilustración: cuando un hombre se enamora el mundo entero se convierte, para él, en nada más que amor sin límite, pero su estado místico no es contagioso, sus iguales están o divertidos o asombrados. Sólo puede extender a los otros el efecto que ese amor ha tenido sobre él por medio de sus cualidades físicas y mentales. Entonces Catulo., Dante y Swinburne hicieron a su amor un poderoso motor para la humanidad por virtud de su poder de poner sus pensamientos sobre la materia en lenguaje musical y elocuente. También, Cleopatra y otra gente con autoridad modelaron la fortuna de mucha otra gente permitiendo que el amor influencie sus acciones políticas. El mago, por más bien que tenga éxito en hacer contacto con las fuentes secretas de energía de la naturaleza, sólo puede usarlas en la medida que se lo permitan sus cualidades morales e intelectuales. La relación de Mahoma con el ángel Gabriel fue efectiva solamente por su capacidad de mando, sus cualidades de soldado, y la sublimidad de su manejo del árabe. El descubrimiento de Hertz de los rayos que ahora usamos para la radio era estéril hasta que se reflejó en las mentes y voluntades de la gente que podía tomar su verdad y transmitirla al mundo de la acción por medio de instrumentos mecánicos y económicos.

22) Cada individuo es esencialmente autosuficiente. Pero no va a estar satisfecho con él mismo hasta que se establezca en su relación correcta con el universo.

Ilustración: Un microscopio, por más perfecto que sea, es inútil en manos de salvajes. Un poeta, por más sublime que sea, debe imponerse sobre su generación si desea disfrutar o incluso entenderse a sí mismo, como debería ser, teóricamente.

23) Magia es la ciencia de entenderse a uno mismo y sus condiciones. Es el arte de aplicar ese entendimiento en acción.

24) Cada hombre tiene el derecho inalienable de ser lo que es.

Ilustración: Insistir que cualquier otra persona debe cumplir con nuestros propios estándares es una ofensa, no sólo para él, sino para uno mismo, ya que ambas partes nacen igualmente de la necesidad.

25) Cada hombre debe hacer magia cada vez que actúa o incluso piensa, ya que un pensamiento es un acto interno cuya influencia al final afecta a la acción, aunque puede no hacerlo en ese momento.

Ilustración: El más pequeño gesto causa un cambio en el propio cuerpo del hombre y en el aire a su alrededor, perturba el balance del universo entero, y sus efectos continúan eternamente a través de todo el espacio. Cada pensamiento, aunque sea suprimido, tiene su efecto en la mente. Es una de las causas de cada siguiente pensamiento y tiende a influenciar cada siguiente acción.

26) Cada hombre tiene un derecho, el derecho de auto-preservación, para realizarse a su máxima capacidad.

Ilustración: una función realizada imperfectamente hiere, no sólo a sí misma, sino a todo lo que está asociado con ella. Si el corazón tiene miedo de latir por miedo a molestar al hígado, el hígado está hambriento de sangre y se venga con el corazón interfiriendo con la digestión, lo cual desordena la respiración, de la cual depende el bienestar cardíaco.

Nota: Los hombres de lo que se le llama naturaleza criminal, simplemente están en conflicto con su verdadera voluntad. El asesino tiene voluntad de vivir, y su voluntad de matar es una falsa voluntad opuesta a su verdadera voluntad, ya que arriesga la muerte en las manos de la sociedad por obedecer su impulso criminal.

27) Cada hombre debería hacer la magia el fundamento de su vida. Debería aprender sus leyes y vivir por ellas.

Ilustración: El banquero debería descubrir el verdadero sentido de su existencia, el verdadero motivo que lo llevó a elegir esa profesión. Debe entender la actividad bancaria como un factor necesario en la existencia económica de la humanidad en vez de ser meramente un negocio cuyos objetos son independientes del bien general. Debe aprender a diferenciar valores falsos de los verdaderos, y no actuar basado en fluctuaciones accidentales sino sobre consideraciones de verdadera importancia. Tal banquero va a demostrar ser superior a los otros, porque no va a ser un individuo limitado por cosas transitorias, sino una fuerza de la naturaleza, tan impersonal, imparcial y eterno como la gravitación, tan paciente e irresistible como las mareas. Su sistema no va a estar sujeto al pánico, no más de lo que la ley de la inversa de los cuadrados es afectada por las elecciones. No va a estar ansioso por sus asuntos, porque no van a ser de él, y por esa razón va a ser capaz de dirigirlos con la calma, clara confianza de un observador, con su inteligencia no obscurecida por el interés personal, y poder no limitado por la pasión.

28) Cada hombre tiene derecho a completar su propia voluntad sin tener miedo de que pueda interferir con la de otros, porque si él está en su lugar adecuado, es culpa de los otros si ellos interfieren con él."

Ilustración: Si un hombre como Napoleón hubiese sido realmente elegido por el destino para controlar Europa, no debería ser culpado por ejercitar sus derechos. Oponerse a él será un error. Cualquiera que lo hubiese hecho hubiese cometido un error en cuanto a su propio destino, excepto si fuese necesario para él que aprendiera las lecciones de la derrota. El sol se mueve por el espacio sin interferencia, el orden de la naturaleza provee de una órbita para cada estrella. Una colisión demuestra que una de ellas se desvió de su curso. Para cada hombre que mantiene su curso verdadero, cuando más firmemente actúa, es menos posible que otros interfieran con su camino. Su ejemplo los va a ayudar a encontrar sus propios caminos y a seguirlos. Cada hombre que se convierte en un mago ayuda a otros a hacer lo mismo. Cuanto más seguro y firme se mueva el hombre, y cuanto más esa acción es aceptada como un estandard de moralidad, menos la confusión y el conflicto van a perjudicar a la humanidad.


Tomado de "Magia(k) en Teoría y Práctica - Aleister Crowley

miércoles, 6 de agosto de 2014

LILITH SEÑORA DEL LADO OSCURO DE LA NATURALEZA HUMANA - GLIMPSES OF THE LEFT HAND PATH

"Fausto: ¿Quién es?
Mefistófeles: la primera esposa de Adán, Lilith.
Ten cuidado - cuidado de su cabello brillante,
Y el vestido extraño que resplandece allí:
Muchos hombres jóvenes engañó,
Sonríe triunfante en las jóvenes caras,
Pero ¡ay de aquel a quien abraza! "
(J.W. Goethe: Fausto)

Lilith es una de las diosas oscuras  más conocidas y la más famosa personificación femenina de lo Malo. Por lo tanto, merece la pena mirar  más de cerca en esta figura quien aparece en muchas mitologías, es identificada con muchas otras diosas, y sus nombres siguen siendo incontables.

El mito mejor conocido de Lilith es la historia judía representándola como la primera esposa de Adam, la que fue antes de Eva. Sin embargo. Este cuento varía dependiendo de la fuente. El mito completo es presentado en el texto llamado Alphabet of ben sira, datando del siglo 7-19 CE. De acuerdo a la historia, Lilith y Adam fueron creados juntos, al mismo tiempo, de la tierra. Pero la rebelde Lilith inmediatamente empezó a pelear con su marido y rechazó sucumbir a su voluntad. Ella voló con furia hacia el cielo, gritando el nombre secreto de Dios (Shemhamforash) y dejó el Jardín del Edén. Después  se estableció en las orillas del Mar Rojo, donde ella dio nacimiento a cientos de demonios. Viendo esto, Dios envió tres de sus ángeles, Senoi, Sansenoi y Semangelof, para traerla de regreso al Jardín del Edén, pero fue en vano: Lilith rechazó regresar. Por otra parte, amenazó matar a los hijos de Adam. Los ángeles le dijeron que si ella lo hacía, cada día ellos matarían a 100 de sus hijos como castigo por su mala acción. Ellos también le dijeron que su lugar sería tomado por otra mujer quien se  rendiría a la voluntad de Dios y su marido. En esas amenazas, Lilith prometió no dañar a ningún infante, quien estaría protegido por un amuleto con los nombres de estos tres ángeles inscritos en él. Sin embargo es creído que toda infante femenina está en peligro durante los primeros 20 días después de nacer e infantes masculinos alrededor de los primeros 8 días. Así, Lilith llegó a ser identificada con un demonio de la noche, el espíritu vampírico quien succiona la sangre de niños recién nacidos.

Lilith es a veces representada como un súcubo quien ronda a los hombres durante el sueño y roba su semen. Fecundada por la semilla robada, cada día ella da nacimiento a nuevos demonios. Esta identificación con el súcubo nocturno está probablemente enraizada en la historia Babilona de Lilitu. Había tres tipos similares de espíritus de la tradición babilona: los masculinos Lilu, los femeninos Lilitu y Ardat-Lili. Estos espíritus no eran deidades. Lilu vagaba alrededor de los desiertos y en áreas abiertas y fue especialmente peligrosa para las mujeres embarazas e infantes. Lilitu parecía ser su contraparte femenina, mientras Ardat-Lili (cuyo nombre significa “doncella Lilu”) fue supuestamente una joven incapaz de actividad sexual normal, agresiva hacia los hombres jóvenes. Ardat-lili, a veces mencionada en textos mágicos, es relacionada a la Judía Lilith: “Ella no es una esposa, una madre, ella no ha conocido felicidad, no se ha desvestido delante de su marido, no tiene leche en sus pechos”.  Se creía que ella causaba impotencia en los hombres y esterilidad en las mujeres.

En relatos árabes Lilith aparece como un espíritu malvado y sus hijos son los demonios del desierto. Se cree que ella tiene 784 hijos, tantos como es expresado en el valor numérico de su nombre- En inscripciones Asirias, ella es referida como Li-lit, “espíritu malvado” Era una convicción que ella es extremadamente peligrosa a las mujeres quienes estaban cerca de tener su primer hijo.

Sin embargo, las leyendas acerca de la relación de Lilith con Adam no son siempre las mismas. A veces es creído que después del exilio del Jardín del Edén, Adam culpó a Eva por su caída y en ese momento se reunió con Lilith. Juntos con Lilith él concibió hijos los cuales se convirtieron en demonios, como todos los hijos de la diosa. Cuando Adam y Eva finalmente se reunieron, Lilith fue proclamada la reina de los demonios. Otro cuento describe a Lilith como una consorte de Samael. Pero incluso el príncipe del Infierno no podía dominar su naturaleza rebelde y Lilith huyó de él, eligiendo libertad e independencia. En Adelante se creía que daba nacimiento a miles de demonios -  concebidos del semen reunido de la masturbación del hombre o las poluciones nocturnas. Pero también podía poseer a las mujeres y es dicho que ella es la madre real de Caín, porque ella poseyó a Eva cuando ella yacía con la Serpiente, Samael. Ella gobierna la sexualidad, especialmente libre, sexo desenfrenado por placer, no por procreación. En los mitos de Lilith la sexualidad es de gran significancia. La Serpiente, quien tentó a Eva a probar las frutas del conocimiento, es asimismo el símbolo fálico (aunque a veces se cree que Lilith fue quien aparecía en la forma de la serpiente). Después de comer la fruta prohibida, Adam y Eva vieron su desnudez y se hicieron conscientes de su sexualidad. Después del exilio del Jardín del Edén, Eva dio nacimiento a su primer hijo, lo cual implica que la primera pareja no conocía el sexo físico antes. Y el acto sexual es también la razón para el argumento de Lilith con Adam – ella rechazo yacer debajo de su marido durante el intercambio. El remanente de esta historia es la imagen tradicional de un súcubo montando a su pareja sexual encima. Los Súcubos son mencionados en la literatura y leyendas desde la más remota antigüedad. Los Monjes medievales y ermitaños a veces describen ser “asaltados” y “violados” por demonios en la forma de mujeres bellas pero demoniacas.

Hay también otra versión del origen de Lilith, encontrado en el cuento de Lilith y Samael. En Treatise on the Left Emanation, el Rabbi Isaac ben Jacob Ha-Kohen escribe que Samael y Lilith fueron nacidos como uno, como Adam y Eva. La pareja de Samael es llamada Lilith Matrona, y ambos  nacieron  a la misma hora, “entrelazados entre sí”. El autor también mencionaba otra forma de Lilith, una más joven o “menor” Lilith, quien es la hija del rey Qafsefoni y la esposa de Asmodeus. Por lo tanto, hay más personajes mitológicos quienes comparten el nombre Lilith. Como la consorte de Asmodeus, Lilith no es vista como la misma que se casa con Samael:

“... Samael, el gran príncipe de todos ellos, se volvió extremadamente celoso de Asmodeus el rey de los demonios a causa de Lilith, quien es llamada Lilith la Doncella (la joven). Ella está en la forma de una bella mujer desde la cabeza a su cintura. Pero desde la cintura abajo ella es como fuego ardiente, de tal madre tal hija. Ella es llamada Mehetabel hija de Matred, y el significado es algo sumergido (mabutabal). El significado aquí es que sus intenciones nunca son para lo bueno. Ella solo busca incitar guerras y varios demonios de guerra y la guerra entre Lilith la Hija y Lilith Matrona”.

Hay también una interpretación psicológica del mito de Lilith. En la psicología Jungiana ella es la Ánima. Cuando Adam rechazó esta parte del Yo, ella regresó a la Sombra (Samael). En aquel momento la Ánima rechazada empezó a luchar por dominio y asumió la forma demoniaca. En el Talmud Adam es creado como un ser andrógino. Lilith puede ser por lo tanto visto como el aspecto femenino del Yo. Es, sin embargo, una más bien breve y superficial interpretación y el rol de Lilith en la  psicología masculina y femenina es mucho mayor.

Lilith y Eva son 2 encarnaciones opuestas del principio femenino. Lilith es fecundada a través del sexo que no lleva a la procreación, es decir a través del auto erotismo. Es ella quien controla la energía y es el lado dominante. Eva es fecundada a través de la vida conyugal y sumisión. Ella representa procreación y dependencia sobre la voluntad masculina. Los hijos de Lilith son demonios, mientras los hijos de Eva son humanos a quienes Lilith lucha por destruir. Por eso se creía que ninguno de los niños humanos está seguro a los asaltos de Lilith. Solo la circuncisión era una garantía de seguridad. Hasta entonces, sin embargo, él bebé tenía que ser protegido por amuletos especiales y talismanes que eran para mantener a Lilith y sus demonios lejos. Muchos hallazgos antiguos tales como amuletos, monedas o cuencos incluían inscripciones “aléjate Lilith” y los nombres de los tres ángeles testigos de su voto en las orillas del Mar Rojo.

Lilith es a menudo asociada con la luna tanto como con la tierra. Ella también pertenece a la esfera del aire. Lilim, sus hijos, fueron creídos ser los espíritus de las tormentas y vientos. Solo después ellos llegaron a ser identificados con la noche y criaturas nocturnas tales como búhos, la razón de aquello fue probablemente el término Hebreo “lilah”. La noche. Lilith es a menudo asociada con los vientos y pájaros que vuelan en el aire. Ella también voló hacia dios para gritar su nombre secreto y dejó el Jardín del Edén para establecerse en el lugar llamado Zamargad.

Lilith representa el lado oscuro de la sexualidad: peligro, ferocidad, fantasías oscuras y perversión. En este sentido ella recuerda a Kali quien es la madre y la destructora a la misma vez. Lilith devora a los hijos de Eva. Trayendo muerte a la raza humana también como salvación a través del despertar de la sexualidad. Ella representa la salida de la restringida visión patriarcal de la sexualidad femenina. En las religiones monoteístas el sexo sirve solo para un propósito: procreación. No es permitido derramar semen para otro propósito más que fecundación. El Autoerotismo es un pecado contra dios. Una actitud similar es mostrada hacia la sexualidad femenina. Mujeres menstruando son vistas como Impuras y su rol es limitado a la maternidad. Lilith es el símbolo de la energía sexual liberada de las reglas patriarcales y leyes. Por lo tanto, las dos visiones opuestas de una mujer: en un lado está Eva – obediente, sumisa, esposa fiel y madre cariñosa; en el otro está Lilith – rebelde, independiente, eligiendo parejas por su cuenta, consciente de su poder de sexualidad. La Ley patriarcal ve la sexualidad femenina como una fuerza demoniaca, es por eso que Lilith es mostrada como un demonio, la encarnación de transgresión. La sexualidad femenina mantenida bajo control masculino garantiza la estabilidad de la familia, legitimidad de herederos, y asegura la estructura patriarcal. Liberada, es una amenaza al orden establecido. Por lo tanto Lilith fue también uno de los símbolos favoritos en los movimientos feministas a principios del siglo. Como la diosa de la rebelión, ella también es la patrona de las actitudes antinomias en el Sendero de la Mano Izquierda. No es casualidad que uno de los elementos integrales de la filosofía  del Sendero de la Mano Izquierda es la exploración de la sexualidad y Lilith es el emblema más importante de este concepto. En este rol ella recuerda a otra diosa oscura, como la Hindú Kali.

En las religiones de la india, Kali es la diosa oscura quien, entre otras cosas, bebe sangre y mata a quien llega a su sendero. Kali es parcialmente responsable por la muerte del demonio Raktabija. En el Devi Mahatmyam, leemos acerca de Raktabija, cuya sangre creó nuevos asuras con cada gota derramada. De acuerdo al diccionario Cappeller de sánscrito-inglés, Rakta significa “sangre” en su forma de sustantivo, mientras bija significa “semilla (de plantas y animales), semilla de maíz, grano, germen, elemento, origen, principio”. Así Raktabija significa “semilla de sangre”. En orden para matar a Raktabija, Kali toma posesión de su semilla bebiendo toda su sangre, evitando así la creación de nuevos demonios. El cuento Talmúdico, mientras que es similar, es un poco más retorcido. Cuando Adam derramó su “semilla” , es decir su esperma, Lilith lo tomó, como lo hace Kali, pero en el caso de Kali nuevos demonios son impedidos de surgir, mientras en la historia de Lilith, nuevos demonios nacen.“

Lilith es también asociada con el vampirismo, la razón por la cual es su hambre insaciable – el hambre por vida (el devorar niños) y por gratificación sexual. Su naturaleza vampírica también se debe mucho a la conexión del ciclo menstrual femenino – ella es la diosa de la “luna roja”, la sangre menstrual y energía contenida dentro. A veces ella es llamada la diosa del lado oscuro de la luna, una tierra mítica habitada por entidades vampíricas. El Vampirismo es la unión de vida y muerte, Eros y Thanatos (Eros – energía sexual, la chispa de vida, y Thanatos – fuerza desintegradora de la muerte). El hambre por sangre es cercanamente conectada con las fases de la luna, mientras el concepto de “devorar” también significa la absorción de energía, el potencial de la vida, el cual es “succionado” en el Otro Lado. En la Qabalah Qlifotica, esto es la fórmula de la qlifa de Gamaliel, cuya gobernadora demoniaca es la misma Lilith. Para un practicante merodeando a través de los laberintos astrales, Lilith se revela a sí misma como una mujer mitad serpiente (con la parte inferior del cuerpo de serpiente). Ella seduce al adepto y lo guía  a través del sendero de fantasías y perversiones con el fin de ayudarlo a liberar el poder de la serpiente, La fuerza Kundalini inherente en la sexualidad. Gamaliel es el primer plano astral, el reino de los sueños oscuros, visiones, fantasías, deseos, impulsos e instintos. Todos ellos son traídos a la luz de la conciencia en este nivel. Gamaliel es el vientre de Lilitu del cual el adepto bebe la sangre de la luna y cae en un trance en el cual el fluye a través de sueños visionarios. En este sentido Lilith recuerda a Babalon, la Mujer Escarlata, con quien ella es a menudo identificada. El vientre de Lilith es el cáliz de Babalon, el Santo Grial lleno con la sangre lunar de la diosa: el elixir a través del cual el misterio de la vida y la muerte es revelado. El adepto se intoxica asimismo con vida probando la muerte. El encuentro con Lilith es a menudo una fuerte experiencia erótica, el sabor del elixir agridulce de inmortalidad contenida dentro de su sangre.

Sin embargo. La Qlifa Gamaliel, gobernada por Lilith, no debe ser confundida con la primera qlifa del Árbol de la Noche llamada “Lilith”, aunque en efecto ellos tienen mucho en común. Esta es la primera qlifa (la contraparte de la sefira de Malkuth en el Árbol de la Vida), también llamada “el vientre de Lilith” o “la cueva de Lilith” porque esta es la entrada al Otro Lado (Sitra Ahra) del Árbol Qabalistico. En la literatura y mitologías a menudo encontramos un concepto de una oscura cueva o una grieta en la tierra la cual luego parece ser una puerta al Infierno. El bosque a través del cual Dante en su Divina Comedia camina para encontrar la puerta infernal es uno de los ejemplos de este concepto. En el tantrismo el equivalente de este nivel espiritual es la chakra Muladhara, donde la serpiente Kundalini yace enrollada, esperando ser despertada. La fuerza Kundalini es a menudo descrita como un poder sexual. En este chakra, en la esfera de la tierra, la chispa de vida está escondida. Esta despierta cuando el adepto entra al vientre de Lilith. Aquí somos confrontados con instintos, la libido, la fuerza vital la cual hace a la humanidad y al universo vivir. El Zohar llama a Lilith “el alma de los animales salvajes”, y verdaderamente, ella es el aspecto salvaje de la Naturaleza, ambos en el sentido del microcosmo y macrocosmo. Ella es la señora del Impío Sabbat, éxtasis logrado a través de oscuras y salvajes prácticas a menudo sexuales. En tradiciones modernas de brujería ella ha sido reemplazada por Aradia, una diosa más suave de la Naturaleza. Aunque es Lilith quien mantiene el cáliz de éxtasis, el secreto de las brujas, junto con deidades tales como Pan, Dionisos o Bafomet, ella representa los aspectos primordiales de la naturaleza. Junto con Samael, ella es la unión del sol y la luna (la imagen de la cual es la serpiente Leviathán). Ellos son los patrones del Sabbat y ellos presiden sobre el despertar qlifótico a través de la exploración de la sexualidad. Acerca de esto Rabbi Isaac ben Jacob Ha-Kohen escribe:

Ya sabes que el malvado Samael y la perversa Lilith son como una pareja sexual, que por medio de un intermediario reciben una malvada y perversa emanación que uno emana sobre el otro. Te explicaré esto basándome en el significado oculto del versículo: “En aquel día el Señor castigará con su grande, cruel y poderosa espada a Leviathán la enroscada serpiente”. – Esta es Lilith- “y matará al dragón del mar” (Isaías 27:1). Lo mismo que hay un puro Leviathán en el mar, que es llamado serpiente, también hay allí una degenerada serpiente en el mar en el sentido literal. Lo mismo es válido arriba en una manera oculta. La serpiente celeste es un príncipe ciego, la imagen de un intermediario entre Samael y Lilith. Su nombre es Tanin’iver.

Los nombres de Lilith son numerosos. Algunos de ellos, en el número de 17, ella supuestamente los reveló al profeta Elías. Estos son: Abeko, Abito, Amizo, Batna, Eilo, Ita, Izorpo, Kali ,Kea, Kokos, Lilith, Odam, Partasah, Patrota, Podo, Satrina, Talto. Una lista similar es dada por Hanauer en Folk-Lore of the Holy Land: Abro, Amiz, Amizu, Avitu, Bituah, Ik, Ils, Kalee, Kakash, Kema, Lilith, Partasha, Petrota, Pods, Raphi, Satrinah, Thiltho. El Dictionary of Angels adhiere a esta lista los siguientes nombres: Abyzu, Alio, Alu, Ardad Lili, Gallu, Gelou, Gilou, Lamassu, Zariel, Zephonith. Indudablemente, muchos otros pueden ser encontrados en otros relatos y fuentes.

Lilith es identificada con muchas diosas y demonios femeninos. Aparte de las arriba mencionadas Kali y Babalon, su equivalente es también Naamah, un demonio de la tradición Qabalística, a veces creída ser el alter-ego de Lilith. Naamah, sin embargo, no posee el aspecto de un demonio asesino de niños. Otros espíritus femeninos vinculados con Lilith son Makhlath y Agrat – pero estas son más bien sus rivales:

“La demonio Makhlath (la bailarina) y su hermana Agrath son 2 demonios femeninos quienes viven en lucha con Lilith. Lilith es acompañada por 480 ejércitos de espíritus malvados y ángeles destructores, y ella está constantemente aullando. Makhlath es acompañada por 472 ejércitos de espíritus malvados. Ella y su hija Agrath, de la palabra Zend Agra = derrota, están en constante enemistad con Lilith” 

Lilith tienta al mago a romper los tabús impuestos por la cultura, comunidad y religión. Ella misma trasciende todas las limitaciones y guía a otros hacia el sendero de liberación, libertad espiritual, a través de desafiar a las estructuras patriarcales de orden. Hay una historia de un encuentro entre el Rey Salomón y una extraña mujer solitaria. Él le preguntó si era un espíritu o un humano. Ella respondió: “Soy el espíritu que pone odio entre marido y esposa, yo hago abortar a las mujeres, yo las hago estériles; hago a los hombres impotentes; hago a los maridos amar a las esposas de otros maridos y a las esposas maridos de otras esposas; en resumen, hago todo lo contrario a la felicidad de la vida conyugal”. Helena Blavatsky la describe como una “sombra etérea”, el lado oscuro de la naturaleza humana – ambos en un hombre y una mujer, el instinto desde las profundidades del alma, la chispa la cual despierta y mantiene el fuego del Dragón en la humanidad.


La Convocación de Lilith
¡Melez!
Yo te invoco, diosa de la luna, ven de las cuevas del desierto del Mar Rojo. Ven a mí, madre de la fornicación, ¡Consorte de Samael!
¡Señora de la Vida y de la Muerte! ¡Aparece ante mí, madre del sendero de sabiduría oscura! ¡Revélame tu bestial belleza!
LIL-KA-LITU! LILIT MALKAH HA’SHADIM!
Te invoco por tus nombres secretos:
¡Abeoko, Abito, Amizo, Batna, Eilo, Ita, Izorpo, Kali, Kea, Kokos, Odam,  Partasah, Patrota, podo, Satrina, Talto, Lilith!
Reina de la Noche, Señora de la luna roja sangre, ¡levántate de la Oscuridad! ¡Que esta noche se convierta en la manifestación del éxtasis infernal! ¡Despiértame con tu beso de sangre y fuerza! ¡Eres el Búho de Sabiduría! ¡Eres la Serpiente que trae libertad con su beso!
¡Lepaca Lilith!
Escucha mi llamado! Rodéame en tu oscuro vientre! Abrázame con tu pasión y deseo nocturno! Rodéame con tu capa escarlata hecha de la sangre de la luna! Déjame beber la fuerza de vida de tus labios! Despierta al Dragón el cual serpentea en las profundidades de mi alma! Llévame al Sabbat infernal, directamente a la cueva de la Bestia!
¡Que así sea!

© Asenath Mason


Texto tomado del blog "Manus Sinistra"